Muy buenas Brigitte,
Tanto mi familia de origen como yo siempre nos hemos sentido amados y respetados INCONDICIONALMENTE por mi marido. Siento que, a cambio de este regalo de amor, a mí me ha tocado poner luz y entrega para sanar puntos ciegos suyos o comunes nuestros. Llevo un tiempo que siento hartazgo en este cometido. Me explico.
Después de constelar lo oportuno sobre un tema familiar, el guía nos revela una actuación conveniente para nuestra hija con el uso del tlf, la alimentación , los horarios, el estudio…por ejemplo.La llevamos a cabo juntos unos días y en el momento que yo bajo la guardia la ruta se vuelve a desviar.
Se le olvida lo acordado, le resta importancia, lo deja pasar…No es una impresión, es una realidad. Cuando yo suelto, lo que se sostenía se cae. Siempre ha sido así, soy yo quien ahora está renunciando a insistir y dejar que sea lo que tenga que ser. Padre e hija cada vez son más parecidos y creo que la nota discordante en la familia soy yo. Esto me entristece, me distancia y me crea hastío. A mi está tocando aceptar. Pero veo que no consigo hacerlo plenamente ni agradecer todavía estos momentos.
El Adulto se hace cargo de sus decisiones, promesas, patrones y sus consecuencias. Si una vez mostrado no hacemos nada con ello, ¿debe la pareja asumirlo por el otro ? Aunque esto afecte a los hijos comunes. ¿No formará parte del destino que le toque realizar a ese hijo también?
Agradeceré mucho tus observaciones al respecto.
Muchas gracias
Hola Brigitte, aparece publicada la entrada pero no la respuesta.