Buenas tardes Brigitte,
Hace unos años cambié de lugar y de modo de vida. Vivo en un pueblo de montaña donde disfruto con mi marido y mi hija. Al principio era muy feliz aquí (estaba en el estado del Yo adulto) y no me afectaba la negatividad de los demás, las malas caras, el hecho de que en la familia no se hablaran algunos miembros, que los vecinos no fueran agradecidos con la vida y su entorno, que siempre todo el mundo se criticarla y que hubiera gente que no me hablara y no supiera por qué. Pero ahora día tras día, siento que me he quedado sin energía positiva y todo me está afectando,no puedo soportar tanta inquina, rencillas y negatividad, no puedo soportar la falta de amor a la vida. Tampoco quiero que mi hija sienta eso. ¿Qué puedo hacer además de intentar con todas mis fuerzas estar siempre en el adulto?
Gracias
Un saludo afectuoso
Lucía
Hola Lucía,
se trata de ver que cada uno es como es, como puede ser, y nadie es capaz de ser diferente de lo que es.
Recuperarás fuerza cuando agradezcas a cada uno ser como es, pudiendo decirles «me haces crecer».
Piensa «el que sufre hace sufrir».
Mira el dolor de cada uno, y enseña a tu hija a ver el dolor de cada uno, y luego a tenerlos compasión.
Muy cordialmente