Querida Brigitte,
Hace más de veinte años que salí de casa de mis padres y vivo a distancia. Soy la única de mis hermanos que he decidido vivir lejos. En ocasiones me siento culpable como «mala hija» «desertora» y esto me impide avanzar en mi vida, de tal manera que no termino de asentarme en un sitio, como si estuviera de paso y no fuera mi hogar definitivo. Pero ocurre que estamos muy a gusto en nuestro lugar actual. En mi familia de origen existe esa queja sútil de «estais muy lejos» y leve desprecio del lugar donde estamos, incomparable para sus ojos al lugar donde me crié que es donde viven todos. De hecho somos nosotros los que vamos a verlos y escasa vez ellos los que nos visitan
Mis preguntas, Brigitte, son:
¿Es posible tomar a los padres aunque uno decida poner tierra de por medio?
¿Cómo entregarme más al lugar que mi marido y yo hemos elegido para prosperar y abandonar el sentimiento de culpa?
¿Es posible que se estén produciendo trabas en nuestro avance de estar donde estamos, por no entregarme al 100% al lugar donde vivo y tener puesta la mirada en mi lugar de origen?
Un gran abrazo,
Muchas gracias, Brigitte!!!
querida Olivia,
el sentimiento de culpa es infantil. El Adulto no siente culpa, asume las situaciones.
Por otra parte, uno se hace adulto cuando, después de tomar a sus padres con gratitud y compasión, se independiza de ellos, de sus padres y de sus hermanos, y pone toda su energía en crear un nuevo sistema, en tu caso, una nueva familia.
¡Adelante!