Quería contarte algo que estoy experimentando tras el taller de este fin de semana, y que ni siquiera sabía que buscaba. De pronto, tras aquella constelación y poco a poco tras cada trabajo que íbamos desarrollando, se ha instalado en mi una especie de suavidad interior… que ahora veo que se ha trasladado a lo físico, a mis músculos que siempre estaban contracturados y doloridos.
Por supuesto el sentir mi cuerpo relajado y laxo es un gran regalo. Pero es que lo que le acompaña es esta sensación de ser ligera como una pluma, como si la tensión fuera casi algo que me tienen que explicar para comprender.
Realmente siempre he sido una persona tranquila, reposada. He practicado meditación a diario desde que me recuerdo, pero esto es algo mucho más profundo.
Bueno, yo le llamo suavidad, blandura, porque es lo que me viene en cada momento en que me siento como si flotara dentro de mi misma. ¡Es tan hermoso! Y te agradezco tu parte, tu guía responsable y centrada, y tu fuerza.
Por cierto: luego del ejercicio por los ruidos de obras, después de casi 8 meses, hoy la casa ha estado en absoluto silencio porque los obreros no han venido. Volverán sin duda… pero imagino que cuando regresen se verá que algo ha cambiado en ellos… y en mi.
Un abrazo muy fuerte!

Gracias a ti… por cierto ¡los obreros del ascensor siguen sin aparecer! ¿No nos habremos pasado de la raya? 🙂
Otro abrazo.
Cómo si hubiesemos hecho algo nosotros…
Pilar, ¡gracias por lo que compartes!