Quiero comentarte algo que ha pasado tras todo lo vivido en los talleres y en la constelación de estos días.
Al otro día del taller de la ayuda me sentía cansada, realmente enferma (me dolía la cabeza, el cuello, la espalda, todo del lado izquierdo, y una contractura en mi trapecio izquierdo inmovilizaba cualquier movimiento de mi cuello hacia la derecha. Sentía que no podía pensar, que mi mente no me respondía, incluso no reconocía algunas palabras y eso me preocupó por un momento).
Entnces me puse en mis síntomas y en las decenas de muertos que iban saliendo y que simplemente «terminaban de morir» sin mucha emoción… pero todo siguió más o menos igual. Hasta que ayer, debajo de la ducha supe/sentí que era algo con mi padre. Le dije «estoy muy enfadada contigo y no quiero soltarlo». Y entonces por fin me rompí y lloré unas lágrimas muy amargas.
Desde el seminario de la actualización estuve sospechando que había algo ahí, pero no me atrevía a mirar. Pero ahora mientras lloraba pensaba «yo lo habría dado todo por ti y tu no me protegiste». Al final fue pasando, y pude honrarle. Y me di cuenta de que culpaba a mi madre de mucho para protegerle a él.
En fin, mi infancia es complicada y no quiero que este mensaje se alargue.
El caso es que me he sentido mejor después de esto, aunque sigo estando «menos que bien». Aún tengo tensión en los suboccipitales, me cuesta mantener erguida la cabeza, la contractura (mucho más suave) y un dolor constante en la espalda de la mitad hacia arriba.
Aún así, he recuperado algo de la concentración y empiezo a recuperar algo en mi percepción del entorno que no tenía antes de todo esto, desde hace muchos años, y que no sé como explicar. No me quejo, estoy muy agradecida por ver estas cosas. Pero no me puedo permitir estar tan baja… y quisiera preguntarte que más puedo hacer para poder «funcionar» mejor en el día a día.
Gracias, siempre. Un abrazo.

Gracias, Brigitte
querida Pilar,
lo primero es aceptar con agradecimiento el momento por el que que estás pasando.
Es un paso necesario hacia la sanación.
Y date tiempo, las tomas de conciencia te van llegando.
Hasta que puedas decir con tu corazón a tu padre y a tu madre «gracias por ser como sois«.