Tengo algunas preguntas que te dejo aquí para cuando te sea posible responderme.
La primera tiene relación con mi pareja. Mantenemos, desde hace más de diez años, un matrimonio a distancia. Ahora me doy cuenta, mientras profundizo en mi trabajo personal, que muchas cosas cambian cuando él llega o se va, y no sólo la emoción del reencuentro, que es profunda. Noto desde hace tiempo cambios en mi peso, dificultades en mi capacidad de concentración, e incluso por momentos se me hace más trabajoso permanecer en el adulto. También siento que pierdo fuerza y que espero de él mucho más a nivel afectivo, en algunas ocasiones.
Pero estos días que él está aquí ha habido algo que me ha sorprendido… y es una necesidad de ducharme a todas horas. Me doy cuenta de que no es nuevo, pero ayer por ejemplo, estaba en albornoz recién salida de la ducha y me sorprendí pensando «me apetecería una ducha caliente ahora mismo». Si me hubiera dejado llevar por el impulso, habría ido directamente a repetir la ducha.
Esto me ha estado pasando todos los días, pero se ha intensificado en los últimos días y me surgen sospechas sobre alguna implicación sistémica… porque desde luego cuando él no está en casa no me pasa en ningún caso. Es como si al estar mi marido en casa me convirtiera en otra persona. Puede decirse así, aunque es algo bastante más sutil. ¿Qué puede estar pasando aquí?
La segunda pregunta tiene también relación con mi marido. Él va a jubilarse en poco tiempo y vendrá a vivir a Madrid por fin. El caso es que puedo ver como se centra en el pasado de forma consistente, y como cambia su forma de vestir (hasta se ha comprado un sombrero) y de enfocar la vida, como si estuviese ensayando su papel, y preparando el camino para la inmovilidad «actuando como un jubilado».
Actualmente su «estampa» es la de un elegante señor mayor de pricipios del siglo XX. Ya no quiere usar vaqueros, algo que era normal, e incluso critica constantemente todo lo que es «nuevo». Pero sólo tiene 60 años, y siempre ha sido un hombre muy, que diría yo, actual. Diría «informal». ¿Qué puede estar mostrándome todo esto? o mejor ¿qué puedo hacer yo para verlo?
Me resulta muy extraño y debo reconocer que me preocupa que esto afecte nuestra convivencia porque es como si, al llegar aqui, tuviera previsto ser un hombre completamente diferente con el que me he casado… y aunque ensayo la total aceptación, la velocidad de estos procesos me resulta sobremanera inquietante.
Hoy de pronto me vino «es como si estuviera adaptando rápidamente sus acciones a su guión de vida». Pero el ritmo es tan vertiginoso que no sé cómo y si podré adaptarme yo a «estar con otro hombre tan distinto»… por mucho que le quiero y le acepto con todas las consecuencias.
Te agradezco como siempre la ayuda que me puedas ofrecer y deseo que en el nuevo año te esté aguardando la resolución de todos los movimientos compensatorios que formen parte de tu experiencia personal en este momento. Un abrazo muy fuerte!

Hola Brigitte! Gracias y feliz año nuevo!
Hoy se ha ido ya, así que dedicaré tiempo a estos dos trabajos.
Quiero decirte que un par de veces nos he constelado y he visto dos cosas: él no me mira: mira por encima de mi y no me ve.
La primera vez miraba por encima de mi hombro izquierdo. Cuando me puse en él, una fuerza muy grande tiraba de su cabeza hacia atrás y hacia arriba y él se esforzaba mucho, aunque inútilmente, por mantenerse en su vertical (extremadamente inexpresivo, serio, la mirada rígida, como forzando una mirada «de igual a igual»)
No miraba hacia la vida ni hacia la muerte, y se mantenía fijo en el sitio y muy «estirado», con una actitud como de una arrogancia casi «regia».
Yo tampoco le miraba directamente: miraba hacia detrás de él por encima de su hombro derecho.
La diferencia que noté es que yo sabía que el estaba ahi, le veía con el rabillo del ojo. Deseaba mirarle pero me era imposible girar la cabeza hacia él… Pero él no me veía ni remotamente: ni siquiera sabía que yo estaba allí. Ha sido curioso.
La segunda vez, el día anterior a que llegara a casa, estábamos frente a frente y el tampoco me miraba: miraba lejos por encima de mi hombro derecho, en dirección hacia la vida pero sentí que allí detrás había una mujer. La honré y le di las gracias y fue muy dulce, y sentí un acercamiento con él, pero muy leve.
Ambas veces lo interrumpí porque me extrañó y no supe comprender una falta absoluta de emociones de parte de los dos. Cómo si nada de todo eso fuera con nosotros, con nuestra relación o nuestra vida, y esa percepción me resultó muy confusa.
Por otra parte ni él ni yo nos movíamos hacia ningún lado: era como si estuviéramos completamente «pegados» al suelo.
Si hay algo de esto que debo comprender mejor, estaré agradecida de leer tus comentarios.
Yo trabajaré como me has indicado y te diré algo.
Un abrazo.
Hola Pilar,
creo que el cambio importante que se avecina, no es el cambio de tu marido, sino el hecho de pasar de un matrimonio a distancia a otro a tiempo completo.
Puedes hacer el ejercicio siguiente:
Tú, el matrimonio a distancia, el matrimonio a tiempo completo. Ponte en cada uno para recibir la información, e incluso deja actuar el movimiento.
Una toma de conciencia importante se pondrá en marcha.
En cuanto a tu marido, puedes representarlo y ver a donde mira. Luego desde tú misma, miras a esta persona de su pasado y la honras. Después sigues constelándolo, hasta que él se gire hacia la vida. Tienes permiso de hacerlo por la comunidad de destino que tenéis.