Te escribo porque estoy bastante preocupada por mi hija menor, de 17 años. Me he dado cuenta de que una parte de ella no quiere ser adulta, y actúa como si tuviera cinco o seis años.
Es casi imperceptible, porque es una niña muy normal, extremadamente tranquila y equilibrada. Pero algunas veces la miro y pienso que no tiene permiso para crecer.
Con frecuencia, si dejo la responsabilidad en sus manos, incurre en descuidos u olvidos. Esta mañana, y esto se repite con frecuencia, me desperté algo más tarde y ella no se había ido al instituto. No es la primera vez que ocurre.
Sus calificaciones son buenas y no tiene problemas con el estudio, pero no tiene fuerza. Es como si hubiera que estarle dando pequeños empujoncitos para que se mueva porque de lo contrario «se duerme» para ir al colegio, y en la vida.
Si le explicas que no puede actuar de cierta manera lo admite, y dice que no lo hará más porque le gusta complacernos, pero luego lo olvida. Y deja las cosas revueltas como si fuera reflejo de un desorden interior con el que no puede llegar a ningún acuerdo. Siempre dice que siente sus ojos cansados, y puede dormir horas si no le despierto. Tiene una miopía de más de tres dioptrías y media.
Y hay algo más: se interpone constantemente en cualquier plan que yo tenga: pienso en sentarme a leer y viene a pedirme que le preste atención, pienso en ducharme y viene a pedirme que necesita el baño, pienso en dedicar la mañana a estudiar y su despertador no suena y o le duele la garganta, o le duele la tripa… o si tengo un fin de semana libre para dedicar a mis cosas… decide mágicamente que no va a salir a ningun sitio para estar conmigo.
(En un movimiento que configuraste en el último taller para una pregunta que te hice sobre mis hijas ella aparecía con su padre apoyado de espaldas sobre su espalda con todo su peso y ella lo soportaba resignada y cansada).
Siempre hemos estado muy unidas y es una joven maravillosa, pero empiezo a sentirme angustiada porque no se mueve y me inmoviliza a mi. ¿Qué es lo que me está enseñando? Y lo más importante ¿qué puedo hacer para ayudarla a salir de su estancamiento?
Gracias como siempre por tu inestimable ayuda.

Cristina,
convendría hacer para ella el ejercicio «encontrar nuestro lugar», para que deje de sustituir a parejas anteriores vuestras. Os ayudará mucho, aparte de los temas de la edad…
Agresividad… pues sí. Por mucho que es tan dócil y suave yo «siento» que esa agresividad está presente. Y reacciono a ella interiormente.
He hecho este trabajo ayer, y no he dicho nada más.
Ella estaba completamente inclinada, con los brazos colgando, sin fuerzas. El ancestro también, pero menos, y me miraba con recelo aprentando fuertemente la boca.
Al verle y honrarle rápidamente se suavizó y pude sentir su sanación porque de pronto la resonancia era «como una sonrisa».
Al colocarla a ella en su sitio todo se sentía diferente, y se acercó a mi para abrazarme.
Esta mañana me despertó media hora antes diciéndome «mamá, si quieres he preparado un té y tostadas»
🙂
Gracias por esto, Brigitte. Ha sido importante.
Hola Brigitte,
Nuestra hija de 3 años es absolutamente dependiente de mí. Yo lo era de mi madre…
A veces me pongo en el disparadero porque me satura y no me permito mi espacio. Si hablo con su padre interrumpe para que le haga caso a ella,si me muevo por la casa me sigue, si vemos unos dibujos me exige que me quede a su lado…me pide exclusividad y permanencia continua.
Sin embargo si no me encuentro físicamente en el mismo espacio que ella y su padre, ellos se «reencuentran» y surge algo precioso para la familia.
¿responde a la edad o indica algo que me conviene trabajar?
Los dos últimos párrafos de esta entrada me han dado fuerza.
Un beso fuerte
Hola Pilar,
lo que describes muestra una enorme agresividad de tu hija, especialmente contra tí, totalmente reprimida por miedo a perder tu aprobación.
Ella está reemplazando a un excluido que está muy enfadado contigo.
Entonces puedes hacer este ejercicio: tú, tu hija y el excluido al que ella reemplaza. Te pones alternativamente en cada uno, y vas viendo donde mira y a dónde va tu cuerpo. Añades las personas que hagan falta. Y cuando te representas a ti misma honras toda la situación, das las gracias al excluido, das las gracias a tu hija por haber llevado su carga, y le dices «ya sólo eres mi hija, la hija de tu padre y mía».
A partir de ahora ya no la despiertas para levantarse. Le dices que es capaz de despertarse sola para llegar a la hora al Instituto y que ella misma asumirá las consecuencias de su retraso, si lo hay.
Otra cosa, cuando tú has «pensado» algo y ella quiere impedirtelo, decide hacer lo que habías pensado, y dile que ya no estás disponible porque vas a hacer tal o cual cosa.
No te permitas ser esclavizada por tu hija, no le permitas agredirte de ese modo.
Cuando la dejas actuar así la tratas como si fuera un bebé, totalmente incapaz de autonomía y refuerzas su inadaptación.
Un abrazo