Querida Brigitte, desearía plantearte por favor una situación en la que siento que no tengo permiso para hacer nada o muy poco, pero desearía confirmarlo. Resulta que mi marido, en quien he observado un fuerte rechazo hacia un grupo étnico irlandés, «travellers» (hay mucha tensión entre estos y los demás irlandeses), está teniendo problemas de manera regular con ellos, que si no roban en el centro educacional que dirije, pues le hacen alguna gamberrada (…). La policía no parece hacer o poder hacer nada. (…)¿Podría tratarse de alguna rencilla antigua? -mi marido fiel a alguien de sus sistema, el niño aquel profiriendo una amenaza por alguien del suyo. Siento que no tengo más permiso aquí que el de mencionarle a mi marido el ejercicio de «cuando alguien nos hace daño», por si lo quiere hacer, pero querría por favor confirmarlo contigo. Muchísimas gracias de nuevo.
P.S.: Acabo de hacer una constelación con ellos (el grupo adulto) y mi marido, pero más acerca de mi relación con el asunto que con respecto a solucionar algo de mi marido, ¿debería hacer lo segundo también? En la que he hecho, curiosamente me he quedado con la mirada fija en un punto en la ventana, entre estas personas y mi marido, y a continuación unos arboles muy lejos, tras ese punto, que ya escogí para representar el origen de la violencia en mi sistema hace unos meses. Repetí el ejercicio que me aconsejaste aquella vez, y luego ya honré a los «travellers» y su destino y tal (e hice el ejercicio de cuando alguien hace daño a otros, pero sin el «por favor» del final, del que ni me acordé). Me puse luego en los «travellers», que en este ejercicio no miraban a mi marido, estaban con el cuerpo blando, como en estado niño, luego empezaron a mirar de izquierda a derecha, en mi dirección pero abarcando más espacio, con la mirada muy nerviosa, como mirando muchísima gente, y con miedo, entonces me miraron a mí otra vez, y con más firmeza física asintieron varias veces con la cabeza, como aceptando mi honra o como entendiendo algo, no sé, diciendo «de acuerdo, bien», algo así. Mi marido, que estaba a la izquierda, en ningún momento entró en la constelación, no le miramos nadie aunque sabíamos que estaba ahí.
Querida María,
la comunidad de destino entre tu marido y tú te permite, te pide, ver por él lo que él no ve.
Pero no tienes permiso para ponerte en los «travellers», son sólo un pretexto para que tomeis conciencia de algo vuestro.
Cuando rechazamos algo, es que ese algo está en nosotros y no lo queremos ver…
Y ese algo está pidiendo a gritos ser reconocido.
Aquí se trata de un «algo» sistémico que está pidiendo compensación. Por lo cual primero hay que verlo, reconocerlo y amarlo.
Lo que has hecho está bien, y es respetuoso.
Y es suficiente para ahora.
@Brigitte
Muchísimas gracias Brigitte. Creo que ya voy entendiendo mejor el tema de la comunidad de destino en la pareja y el de las proyecciones, sin embargo hay algo que no tengo muy claro en lo de trabajar la relación con gente externa a la familia. Recuerdo que en un taller al que asistí hicimos un ejercicio al final entre dos, la otra persona haciendo de uno mismo, y uno de alguien que percibimos como perpetrador (externo a la familia), pero no recuerdo que lo trabajasemos como proyección, o sí, pero totalmente inmersos en el perpetrador, o sea, sin dejarle a un lado para centrarnos en la proyección. ¿Cómo podría discernir cuando hacer lo uno o lo otro como ejercicio? Muchas gracias de nuevo por esta magnífica oportunidad de crecimiento que nos brindas.