Querida Brigitte, desearía preguntarte a cerca de un movimiento que he hecho con la realidad, para ver como estoy con respecto a ella y honrarla. Me ha motivado a hacerlo el hecho de que me siento no vista como mujer, ahora que he empezado a salir los viernes por la noche. Me llama la atención que el hombre vasco (sé que estoy generalizando alegremente, y sí hay alguna excepción en mi entorno) parece que no mira a una mujer, por mucho que lleve minifalda, por ejemplo, mientras que en Madrid, por poner otro ejemplo, la experiencia que tengo es muy diferente. Otras mujeres me han comentado lo mismo, que aquí no se sienten vistas o apreciadas como mujer.
Al ponerme en la realidad ante mí (mi realidad), esta ha bajado la vista a mi vientre, sin emoción, y sin mirar nada más. Yo la veía a mi altura. La he honrado y agradecido, echada en el suelo boca abajo, por ser tal y como es, y entonces ésta se ha girado para mirar a un corazón que me ha dibujado mi madre, y una postal que ella me ha enviado donde pone «Buena Suerte», y ya se ha girado a la vida, conectándose con el sí, con los brazos separados.
Desearía preguntarte por favor que me dice con esa mirada a mi vientre, pues yo pensaba que eso ya lo tenía asimilado (lo de la pérdida de mi útero). Gracias siempre por tu enorme labor de amor, Brigitte. Un abrazo grande.
querida María,
la realidad te muestra la esencia de la sexualidad «tener hijos», que ha de convertirse en amor, en corazón.
Si se puede generalizar, el hombre vasco tiene miedo de la mujer y es mas atraído por el corazón que por el sexo.
Un gran abrazo
Querida Brigitte, muchas gracias por tu bellisima respuesta. ¿Quieres decir que el hombre vasco necesita ante todo sentirse respetado por encima de lo que es la pulsión sexual? Gracias por tu ayuda para entender esto mejor. Un abrazo grande siempre.