Hola Brigitte,
Desde siempre se ha podido observar cómo hay personas que tienen un gran instinto de superación y otras no. Algunas son competitivas y otras no. Y veo que la competitividad sana aporta una mejora en la persona.
En el campo de la Educación muchos maestros comentamos que de unos 15-20 años a esta parte se observa un descenso considerable en el aspecto superación, mejora, esfuerzo… Una expresión muy empleada por el alumnado suele ser «¡que pereza!«.
¿Es sólo una cuestión de guión de vida? ¿responde a campos mórficos?
Me gustaría si pudieras profundizar sobre la superación y la competitividad.
Muchas gracias .
Un abrazo grande,
Cristina
Hola Cristina, hoy parte del inconsciente colectivo rechaza el esfuerzo. La pedagogía actual no asume el rol de autoridad en la educación de los niños.
Nos muestran una sociedad que no ha tomado a los padres, que no se ha hecho adulta, que no toma lo masculino, la fuerza y la responsabilidad que acompañan la toma del padre.
Desde pequeños los niños son estimulados por lo que les supone un esfuerzo, un descubrimiento, una nueva capacidad. En nuestra vida adulta vemos como todo espontáneamente tiende a mejorar. La gente no quiere repetir el pasado tal cual, sino continuamente mejorarlo, aunque sea un poquito.
Cuando el ambiente que rodea al niño es adulto, sin rencores hacia su pasado, los niños se ponen continuamente nuevas metas. Aprenden que la vida es una sucesión de pasos de superación, y que esa superación les llena de felicidad.
La competitividad es un concepto «adolescente», una visión individualista del servicio que se consigue ofrecer.
Mientras que la visión adulta es comunitaria. Es decir que todos quieren producir un mejor producto sumando sus descubrimientos, con la mirada en los clientes.
Un gran abrazo