Hola Brigitte,
Me gustaría sanar una tendencia fuerte que tengo a colocar todo, y a que esté todo ordenado, …ordenar armarios, cajones, papeles, me gusta y tranquiliza, ordeno por parejas, por temas, por colores, con cierta repetición y me cuesta mucho dejarme algo atrás, excesiva minuciosidad..
Hay muchas cosas en casa que no están colocadas y aunque quiero ponerlas en ordén no me obsesiona ..lo veo como un desorden ordenado…También hay este control en mi vida diaria aunque desde que me voy constelando con más frecuencia parece que ya estoy siendo más despistada..
¿Me puedes ayudar a poner luz en este asunto?…siento que estoy atrapada en algo y quiero resolver lo que sea que mi sistema familiar pide de mi y estar a su servicio.
Gracias infinitas por todo lo que nos ayudas.

Hola,
detrás de toda «compulsión» o tendencia fuerte a algo hay exactamente lo contrario, muy encubierto, muy oculto.
El deseo de controlar pertenece al perpetrador: mata la vida y su espontaneidad.
Detrás del deseo excesivo de orden hay una pulsión muy fuerte y muy culpabilizante de desordenarlo todo, de embarrullarlo todo, de enredarlo todo…
Te va a ayudar leer el artículo de Hellinger sobre «El amor del Espíritu» en la web: http://www.insconsfa.com/arth_el_amor_del_espiritu.shtml
Cuando te vas a poner a ordenar algo, mira los objetos Y diles: «vosotros sois los grandes, estoy a vuestro servicio«.
Y también te vendrá muy bien hacer el ejercicio siguiente:
Representas tú misma tu compulsión de orden, te dices “me abro al movimiento del espíritu”. Te dejas mover sin saber por qué, sientes cómo se mueve y a dónde mira la compulsión.
Allí dónde mira hay una persona. Y si mira a distintos sitios, está señalando a distintas personas.
Entonces, te colocas en la persona a la que mira tu reacción. Esperas, como en constelación, sientes como se mueve y a dónde mira.
Y surgirá seguramente otra u otras personas. Y también te pones en ellas.
Y al final te pones de nuevo en tu compulsión, y vives todos sus movimientos hasta que sientas que se haya acabado, sin forzar nada, sin pensar que hay que hacer algo en concreto, sin decir nada.