La semana pasada, en una de mis clases, salió a colación una historia que me ha impresionado mucho, y que me gustaría compartir con vosotros:
Gianna Baretta Molla, italiana, médica pediatra. Casada con Pietro, un ingeniero. Padres de tres hijos comunes y nacidos: de 3,5 y 6 años respectivamente. Y de un cuarto que viene en camino. A los dos meses de embarazo, un colega informa a Gianna, que padece un cáncer de útero. Recomendación: aborto terapeútico, extirpación inmediata del tumor y subsiguiente tratamiento.
¿Qué hacer?. Por razones obvias, el peso mayor de la decisión recayó sobre ella, aunque contó con el apoyo incondicional de su marido.
Se le presentaron dos opciones que me gustaría «evaluar», si se puede, en clave sistémica:
1. Decir a su hijo «mejor muere tú antes que yo»: en este caso, ¿cómo quedaría la relación de los esposos?, ¿no matan en el hijo una «parte» de cada uno?; ¿cómo verían los hijos a la madre, o a los padres?, quizá se pregunten ¿y si hubiera sido yo?; la madre, los padres, ¿serán capaces de asumir la responsabilidad de la muerte de este hijo?, al fin y al cabo, sería por el bien de todos, y lo que estaba en juego era nada menos que la vida de la madre!, ¿tendrá que asumirla otro? ¿sìmple ejercicio del derecho de defensa?; ¿qué pasa si a pesar de dar muerte al hijo, el cáncer igualmente gana la batalla?. Y finalmente, ¿cómo les ve el hijo muerto? su amor por sus padres y por su familia, es tan grande e incondicional, que seguramente estará dispuesto a entregar la vida que se le exige sólo a cambio de un poco de amor y de reconocimiento.
2. Decir a su hijo: «mejor muero yo antes que tú»: ¿Cómo mira el esposo a la mujer que prefiere morir antes que matar una parte de él?, ¿qué siente?, ¿amor, gratitud, impotencia, culpa?: ¿cómo miran los hijos a la madre que está dispuesta a morir antes de darle muerte a uno de ellos?; ¿cómo mirán todos al cuarto hijo?, ¿logrará éste tomar la vida al precio que la recibe?,¿y si el hijo muere a pesar del sacrificio de la madre?…
Y ahora, ¿cuál fue la decisión de Gianna? dió prioridad a la vida de su hijo no nacido sobre la suya. Descartó la idea del aborto y se dejó aplicar sólo los tratamientos contra el cáncer que no implicaran un peligro real para el feto (intervención quirúrgica incluída).
El 21 de abril de 1962, nació la niña, Giovanna Emanuela, en perfecto estado, muriendo la madre una semana después, el 28 de abril, a la edad de 39 años.
En lo personal, creo que se trata de un caso extremo, y que cualquiera de las decisiones hubiese sido «buena», pero siento que de la segunda, la tomada por Gianna, brota una fuerza y una humildad mayor.
Gracias Gianna, por enseñarme que «el mejor yo antes que tú», también puede ser pronunciado desde el adulto, como resultado de una reposada y lúcida reflexión, no con consecuencias ilusorias y nefastas, sino concretas y a favor de la vida. Gracias queridos esposos (aquí fue cosa de dos!), por enseñarme igualmente, que el amor adulto PUEDE ser el MAYOR, y por revelarme el auténtico sentido de la frase de Jesús: «nadie tiene un amor mayor que aquel que da la vida por sus amigos»,
Gracias a todos!!!
Pd. he conocido esta conmovedora historia, gracias a que la Iglesia Católica, reconociendo lo heroico de esta decisión, beatificó a Gianna en el 2004. Naturalmente su hija de 30 y más años, asistió a la ceremonia y le dió las gracias públicamente.

Emily,
La dinámica sistémica subyacente a dar la vida por los demás, es la de «mejor yo antes que tú» o «yo por ti«. Son frases de amor ciego de la compensación arcaica, que permiten sufrir y morir con la conciencia tranquila.
La compensación adulta conlleva convivir con la culpa, o sea con la mala conciencia, para asumir las responsabilidades que la persona ha ido adquiriendo, aquí ser la madre de tres niños pequeños. A mi juicio, aquí estaría la mayor humildad y la mayor grandeza.