el otro día hice el ejercicio «encontrar nuestro lugar» con un grupo de personas y al día siguiente me levanté con afonía, ni siquiera se me oye, tan solo puedo susurrar. Ese mismo día me llamó mi madre y me comentó que días antes ella y mi padre también habían estado afectados de la garganta y ella también afónica (vivimos en ciudades distintas).
El ejercicio discurrió de la siguiente manera:
Mi padre me miraba a los ojos y mi madre miraba hacia abajo, intentando mirarme pero le era imposible y desviaba la mirada (como con vergüenza); entonces se colocó el comodín tras ella y tras decir las frases, éste cerró los ojos y se dejó caer al suelo. Nos miramos mi madre y yo, me tendió la mano y nos abrazamos; yo la acariciaba sintiéndome pequeña, con un sentimiento muy fuerte de abrazo de la infancia.
Después, miré a mi padre, y como la mirada era a la misma altura se colocó el comodín tras él, desplazándose exactamente detrás como si estuviera pegado. Me acerco al ancestro o excluido (no sé muy bien qué era) y le acaricio la espalda , el hombro y el cuello, éste se va, se sienta en el suelo abrazándose las piernas y metiendo la cabeza entre ellas; me acerco hacia él lo miro pero siento que ese no es mi lugar y miro a mis padres, me acerco a ellos, les cojo las manos,me siento bien con ellos.
Doy un paso atrás , les suelto las manos, los miro y ellos me confirman que me ven más pequeña.
Me gustaría saber si la afonía puede ser debida al ejercicio y con qué podría estar relacionada.
Gracias Brigitte de antemano.

Hola Raquel,
pues sí la afonía tiene que ver con la constelación del orden que hiciste.
Tus padres también han sido afectados por ella, aunque haya sido un poco antes. En constelaciones vemos que la noción del tiempo pierde sus limites…
La afonía muestra que algo oculto, callado, silenciado por el sistema, se ha revelado: posiblemente un bebé muerto de la generación de los bisabuelos maternos y un gemelo de tu padre.