Querida Brigitte, aquí estoy con otra pregunta. El lunes de la semana pasada, cual si fuese una preparación para el taller de ese fin de semana en Derio sobre «los desafíos del mundo actual» (al que asistí), en una clase con dos hermanos adultos (en la treintena los dos), resulta que va el mayor de ellos y propone dedicar la clase (de inglés) a hablar de cómo solucionar el tema del terrorismo islámico en Europa, diciendo que hay que posicionarse por lo nuestro, que hay demasiado miedo a no ser políticamente correctos, que estaba harto, etc. (lo planteaba como que nos metemos con la Iglesia Católica pero a la vez ayudamos al culto del Islam en nuestro país, incoherente en un estado secular, y que debíamos por tanto defender a la Iglesia). Me llamó la atención que mientras decía todo esto de nuevo (lo de posicionarse), más o menos encendido, ya junto a la puerta al final de la clase, el hermano menor (que mantuvo una posición más moderada durante la clase) me bloqueaba la salida, con la mano en el picaporte de la puerta, es decir, que de algún modo no se me permitía salir de allí hasta que hubiese escuchado lo que el hermano mayor tenía que decir. Me dejó intrigada. ¿Qué no escuché, o no escucho, a cerca de lo que me pedían estos hermanos? (es decir, en esta clase realmente me pagaron para que escuchase aquello, y el inglés fue una excusa, así lo siento -de hecho el hermano mayor que necesitaba ser oído hablaba apasionado en castellano). De nuevo, gracias siempre Brigitte. Un gran abrazo.
«Los desafíos del mundo actual»
Un comentario
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querida María,
estamos inmersos en el mundo y es lógico que te pasen situaciones como éstas.
Lo provocas, solamente si te afecta. Quiero decir que si esta conversación sobre el Islam te molestó, entonces te puedes preguntar que parte de ti la provocó. Pero si no te molestó, es que no tienes nada que ver…
Un gran abrazo