Las pruebas que nos manda la vida nos debilitan o nos transforman en función de cómo somos capaces de reaccionar.
Si estamos anclados en el pasado, estaremos añorando el periodo anterior a la prueba, rechazando adaptarnos a la nueva situación, cada vez más débiles y amargados.
Si estamos anclados en el presente, con la mirada hacia el futuro, sabemos que estamos viviendo una profunda oportunidad de cambio. Esta prueba nos está transformando.
Por lo que, frente a alguien que nos ha hecho daño, puedes hacer lo siguiente:
Mira a esa persona, siente tu dolor y tu enfado. Y ahora di a esa persona: “soy igual que tú”.
Mira tu vida y di: “ahora me doy cuenta del daño que he hecho, lo asumo. Asumo las consecuencias de ese daño.”
Miras ahora más allá de la persona y al cabo de unos instantes le dices:
“Veo el daño que mis ancestros han hecho a tus ancestros”.
“Gracias”.