Querida Brigitte, desearía consultarte por favor a cerca de algo que me surgió en un taller que facilité ayer. Eramos tres personas en total, y para el final propuse el ejercicio de los guías de modo que había dos guías para cada cliente. En ambos casos me fui dando cuenta durante el ejercicio que el campo me había cogido a mí para guía, y el «segundo guía» era aquello hacia lo que el guía deseaba llevar al cliente. Total que, como guía, observé que la cliente iba hacia la persona ante sí que yo le señalaba, a abrazarla, pero esta persona tenía las manos cruzadas por delante, por lo que le dije a la cliente que necesitaba honrar profundamente a aquella persona, y lo hizo, y en esa honra corté el ejercicio. Tras el ejercicio, la persona dijo que sentía muy claramente que había representado la fuerza interior de la cliente, que la cliente necesitaba tomar. Debí tal vez no haber intervenido y haber dejado que la cliente abrazase su fuerza, en lugar de honrarla? Desde mi perspectiva, parecía más bien como un ancestro. Muchas gracias siempre por tu ayuda con esto Brigitte. Un gran abrazo.
La fuerza interior
Un comentario
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querida María,
¿y si fuesen los dos a la vez? ¿Un ancestro que le dará fuerza interior? En el fondo no hace falta saber quienes son la mayoría de los representantes…
Y en cuanto a tu intervención, si la persona estaba guiada por el movimiento del espíritu, has tenido una intromisión. Si tú estabas centrada y guiada, entonces hiciste lo que tenías que hacer…
un gran abrazo