Querida Brigitte. Espero que estés bien y disfrutando de Méjico.
Desearía por favor consultarte a cerca de una experiencia que tuve en el primer taller al que asistí, en Irlanda, en el 2007. El caso es que representé a una mujer con hijos que había tenido un aborto (creo que se llamaba incluso igual que yo, y era también de la península ibérica, ella portuguesa), me llegó muchísima información sobre ella durante la representación, que me conmovió profundamente. En el camino al hostal, me continuaban viniendo sentimientos que no eran míos, pensamientos, reproches hacia el marido, hacia su familia, de todo. A la noche, no pegué ojo, con la cabeza llena de pensamientos a cerca de la persona representada, que le pertenecían a ella y no a mí (como «estoy harta de que siempre me digan lo que tengo que hacer» y tal, con los que yo personalmente no me identificaba pero los entendía). Creo que nunca he experimentado nada parecido, y de vez en cuando lo recuerdo como algo verdaderamente impresionante. Hoy me pregunto por qué pasó esto (el para qué, creo que lo entiendo, fue un terremoto en mi mundo de experiencia, y curiosamente me ayudó a entender la nostalgia y la amargura del Fado de Lisboa, que estaba por aquella época explicando a mis alumnos). Cuando algo así, de llevarse la representación «puesta» le pasa a alguien, ¿es esto un fallo del constelador? Fue un taller al modo tradicional de constelar. Como facilitadora de constelaciones, ¿qué podría o debería hacer yo, por favor, si esto le ocurriese a un participante? Gracias por tu parecer sobre esto, Brigitte. Un fuerte abrazo.
P.S.: Me doy cuenta de que pudo haber una resonancia grande con la cliente por mi parte, pues su marido me recordaba a un ex mío, y fue representado por una mujer (mi ex era bisexual). Y yo tuve un «accidente» con mi ex en que tomé la pastilla del día siguiente, que fue decisión mía. Aquella representación me hizo responsabilizarme de aquella decisión de una manera mucho más humana y más profunda. Me pregunto, sin embargo, Brigitte, si ha habido un elemento de usurpación, aunque no intencionada por mi parte, si debería incluso trabajar esto como un conflicto. Gracias siempre.
querida María,
lo que se queda en nosotros después de representar nos pertenece, es un regalo del campo, que nos hace resonar algo común al personaje representado.
Puede ser un dolor o sentimientos o tomas de conciencia. Tú misma te diste cuenta de lo que te aportaba para el momento que estabas viviendo.
Fue un regalo del campo para ti.
Un abrazo